Alteraciones neurológicas musicales

La música nos acompaña toda la vida. La vivimos y experimentamos de muchas maneras. Dicen que es un lenguaje universal (yo no estoy del todo de acuerdo…). Y como sabemos, su potencial es enorme. Pero no siempre nos aporta beneficios, placer, momentos de felicidad… También puede desencadenar sensaciones y experiencias que pueden llegar a ser realmente difíciles de gestionar. Las alteraciones neurológicas musicales existen, aunque son muy, muy poco comunes. Son trastornos de la percepción musical y, a grandes rasgos, se pueden clasificar en:

Epilepsia musicogénica: es una forma de epilepsia muy poco común inducida por la música que puede tener diversos desencadenantes: la cualidad del sonido, el impacto emocional de la música en sí, sonidos fuertes, etc., pudiendo ser específica para un determinado género, pieza o voz que canta (con el cese de la música, la crisis desaparece en la mayoría de los casos).

Si deseáis ver una clase muy interesante impartida por el Prof. Manuel Lafarga, sobre Epilepsias Musicogénicas, podéis ver el siguiente vídeo:

Alucinaciones musicales: representan un trastorno en el procesamiento de sonidos complejos. Las personas que las padecen perciben sonidos complejos en forma de música a consecuencia de un sonido o en ausencia de cualquier estímulo acústico. Habitualmente, las personas que padecen una alucinación musical piensan que la música tiene un origen externo, pero cuando ven que no encuentran la fuente, deducen que debe estar dentro de su cabeza, que proviene ‘de su cerebro’. Estas alucinaciones, además de esta aparente exterioridad, suelen ser constantes, repetitivas, involuntarias e intrusivas, y puede que tengan significado o no. Estas, pueden dividirse entre tres grupos según el tipo de enfermedad a la que se asocian: las asociadas a trastorno neurológico, las asociadas a trastorno psiquiátrico y las asociadas a sordera.

Os recomiendo mucho ver este caso como ejemplo:

Distonía focal en los músicos: también llamada “calambre del músico”, supone la pérdida de la coordinación de los dedos de la mano debido a la flexión y extensión involuntaria de los dedos y a otras posiciones anómalas de la mano o el brazo (implica dedos, mano o brazo). También nos podemos encontrar con casos que afecten a la zona oromandibular, con lo que aparecen dificultades para realizar la conformación voluntaria labial necesaria para la correcta ejecución musical. La teoría mayormente aceptada sobre el origen de la distonía focal es la basada en cambios plásticos en el cerebro debidos a los movimientos repetitivos llevados a cabo en un entrenamiento muy intenso.

Si queréis ver un vídeo muy interesante sobre la distonía focal en los músicos, os recomiendo este:

Amusia: es la pérdida específica de la percepción musical, que puede ser congénita (y afectar entonces solamente al tono) o adquirida, pudiendo ésta afectar a diversos componentes en la percepción musical, en la producción musical o en la lectura o escritura de la música dependiendo de si se encuentra dañado el funcionamiento motor o expresivo, resultando imposible  leer música, reconocer canciones familiares, discriminar entre tonos, cantar, escribir música o tocar un instrumento.

Para conocer más sobre este trastorno, os recomiendo escuchar al prestigioso neurólogo Oliver Sacks (así como leer su libro “Musicofilia”, en el que se describen varias condiciones neurológicas relacionadas con la música):

Y también ver un muy breve reportaje muy interesante sobre un caso de amusia:


Bibliografía:

Kaplan, PW. (2003). Musicogenic epilepsy and epileptic music: a seizures song. Epilepsy & Behavior; 4: 464–473. 

Soria-Urios G., Duque P. y García- Moreno J.M. (2011). Música y cerebro: fundamentos neurocientíficos y trastornos musicales. Revista de Neurología; 52: 45-55.

 

La influencia de la música en el cerebro (parte 1)


¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando escuchamos música? 

Es difícil darnos cuenta de cómo las plantas crecen más de lo normal si “escuchan” música, pero no lo es tanto  experimentar cómo ésta nos puede calmar o excitar, ¿verdad?  Y es que la música actúa sobre nuestro sistema nervioso central, nos alegra, nos entristece, nos hace mover los pies casi irremediablemente… En general, todos somos más o menos consientes de que la música nos influye de manera inevitable, pero…: ¿sabemos cómo afecta la música a nuestro cerebro?

En primer lugar, es importante destacar que cuando las ondas sonoras se perciben en el cerebro, respondemos con emociones. Eso es porque la música se dirige directamente al sistema límbico (el que gestiona las respuestas fisiológicas ante los estímulos emocionales), sin pasar por el neocórtex, y por lo tanto, sin pasar por el filtro de nuestra parte más consciente, activándose prácticamente las mismas áreas cerebrales para la música que para las emociones

Cuando escuchamos música, nuestro cerebro la descompone o interpreta de forma separada (ritmo y tono) activando diferentes zonas cerebrales. Gracias a los grandes avances en neurología hemos podido ver cuáles son estas zonas y saber que:

EL RITMO afecta especialmente a la área física, ya que la actividad sensorial de la música se localiza predominantemente en la zona bulbar, donde se encuentra el centro de las reacciones físicas y estas respuestas se l
ocalizan en el cerebro reptiliano o primer cerebro (el de los impulsos básicos). Por eso con el ritmo se tiende a la acción, lo que respalda al idea de que música y movimiento están íntimamente ligados.

El ritmo activa el córtex frontal, el parietal izquierdo y el cerebelo (encargado de la coordinación muscular y otros movimientos no controlados por la voluntad). De hecho, en muchísimas culturas el concepto de “música” incluye el de baile o movimiento sin poderse desligar el uno del otro.

Por otro lado, EL TONO, que sería como la organización jerárquica de la relación entre las diferentes alturas de los sonidos, se procesa en el córtex prefrontal, el cerebelo y lóbulo temporal. Y si escuchamos una canción (con letra), después de analizarla acústicamente (ritmo y tono), analizaremos LA LETRA con el sistema de procesamiento del lenguaje (y activaremos el área de Wernicke (que decodifica auditivamente la función lingüística -se relaciona con la comprensión del lenguaje-, función que se complementa con la del Área de Broca -que dependiendo de la canción, procesa el lenguaje, la gramática y la comprensión), el córtex motor (moviendo los pies, los dedos…), el córtex visual (imaginando partes de la canción) y las zonas correspondientes a las respuestas emocionales).

LA MELODÍA (digamos que sería la sucesión de diversos tonos) y LA ARMONÍA (entendida como un conjunto de sonidos que suenan a la vez) precisan un alto nivel de representaciones intelectuales, y es en el neocórtex (el cerebro racional) donde se localiza la actividad intelectual y donde se reflejan los aspectos melódicos y armónicos, respondiendo a los mismos con cambios en la actividad cerebral: incrementando la memoria, la atención, la creatividad y el procesamiento del pensamiento lógico.

Y es que…: ¡La música activa más partes del cerebro que ningún otro estímulo humano!


Referencias bibliográficas:

Jauset Berrocal, J. A. (2008). Música y neurociencia: la musicoterapia. Sus fundamentos, efectos y aplicaciones terapéuticas. Barcelona: UOC.

Lacárcel Moreno, J. (2003). “Psicología de la música y emoción musical”. Educatio siglo XXI – Universidad de Murcia (20‐21).

Soria-Urios, G., Duque, P., García-Moreno, J.M. (2011). Música y cerebro: fundamentos neurocientíficos y trastornos musicales. Revista de neurología, Vol.52, Nº 1.

Thaut, M. H. (2000). A scientific model of Music in Therapy and Medicine. San Antonio, TX: Institute for Music Research Press.

Imágenes:

Todas las imágenes utilizadas

 

Los orígenes de la Musicoterapia…

Como bien sabemos: “los orígenes de la utilización terapéutica de los sonidos y la música se remontan posiblemente, al principio de la humanidad” (Jauset Berrocal 2008: 138), y aunque sobre el cómo y el cuando, existan múltiples y diversas hipótesis, sobre lo que no hay duda, es que el hecho de experimentar la música como influencia curativa que afecta la salud y al comportamiento, ha estado presente desde los inicios de la humanidad y en la mayoría de culturas.

Numerosos documentos que nos informan sobre prácticas terapéuticas, paliativas, curativas, sanadoras, preventivas…, en las que la música tiene un papel fundamental. En ellas se demuestra el potencial de la misma como canal de comunicación y a la vez, se refleja el sustrato de algunos de los principios teóricos de la musicoterapia actual.

Por ejemplo, sabemos de la importancia y antigüedad de la utilización de la música y los sonidos en los rituales de curación y el chamanismo, de la comunicación del hombre con los espíritus a través del sonido, del canto chamánico, el cual no resultaría eficaz si se pronunciara el texto sin cantarlo, sin utilizar los instrumentos adecuados y si no se conjugara con la danza.

Otro ejemplo lo encontramos en la utilización de la ciertas músicas en la India como experiencia espiritual. Un ejemplo lo encontramos en la relación entre los sacerdotes y los manthras. Estas secuencias de sonidos inducen a la relajación, la meditación y al tránsito contemplativo permitiendo desarrollar las facultades mentales y místicas.

En Egipto, como indica Poch ( 1999, Vol.II) ya en el siglo XIII utilizaban la música terapéuticamente en programas de tratamiento hospitalario. Partían de la teoría que se podían curar enfermedades mediante la respiración, por lo que se cantaban los cantos de “Mazdaznan” (ciencia de la respiración). Algunos papiros ponen de manifiesto de actitudes racionales sofisticadas sobre diversos aspectos de la medicina y la música como curación, con la finalidad de reestablecer y rehabilitar problemas físicos, psíquicos y emocionales (394-395).

En la Antigua Grecia, encontramos la Teoría del Ethos, contada por Aristóteles, la cual sustenta que existe una fuerte relación entre los movimientos de la música y los físicos y psíquicos del hombre y por tanto, que la música puede ejercer una determinada influencia sobre el carácter y las emociones de éste. Así, se componían melodías con el fin de crear o provocar un estado de ánimo determinado o “ethos”. En Roma, como informa Poch (1999), se creía que en estados de tristeza se atraía la enfermedad, mientras que en estados relajados y alegres ayudaba a combatirla, y la música, siendo tan eficaz para influir sobre las emociones, podía ayudar a conseguir un estado de bienestar que propiciara mejoras (Poch 1999, Vol. II: 383-406).

Pero fue desde el siglo XVII al siglo XX, cuando diferentes médicos reconocidos como eminencias (F.J. Cid, Vidal i Careta, Letamendi, Candela Ardid…), se aproximaron a los inicios científicos de la musicoterapia, a través de sus experiencias e investigaciones utilizando la música con sus pacientes y comprobando sus beneficios.

Pero… ¿cómo y cuándo nació la Musicoterapia como disciplina?

Durante la segunda Guerra Mundial, en varios hospitales de EEUU que recibían la ayuda de diferentes tipos de voluntariados comenzaron a recibir también la colaboración de músicos profesionales y aficionados. Éstos, hacían música para los pacientes que sufrían traumas físicos y emocionales causados por las guerras. Los equipos médicos constataron que las respuestas de los enfermos eran notablemente positivas, por lo que solicitaron el proceso de contratación de músicos en los hospitales. A partir de este hecho se empezó a generalizar el uso de la música en la rehabilitación de funciones físicas y psíquicas  (Betés de Toro 2000: 29).

Después de la Guerra empezaron a surgir los primeros intentos de planificación y evaluación sistemática de las intervenciones musicales. La demanda de formación hizo que se creara la primera carrera de musicoterapia en la Universidad de Kansas y el mismo año, se fundó la National Association for Music Therapy para apoyar el uso terapéutico de la música en diferentes ámbitos, así como para regular los estudios de formación de profesionales y fomentar el desarrollo de un cuerpo teórico y científico de esta disciplina (Mercadal Brotons y Mateos Hernández 2005).


Referencias bibliográficas:

BETÉS DE TORO, Mariano. “Bases históricas del uso terapéutico de la música”. 2000. En: Betés de Toro, Mariano. Fundamentos de Musicoterapia. Madrid: Morata, p. 23‐36.

JAUSET BERROCAL, Jordi A. 2008. Música y neurociencia: la musicoterapia. Sus fundamentos, efectos y aplicaciones terapéuticas. Barcelona: UOC.

MERCADAL BROTONS, Melissa y MATEOS HERNÁNDEZ, Luís Alberto (eds.). 2005. “Contributions towards the consolidation of music therapy in Spain within the European Space For Higher Education (ESHE)”. Music Therapy Today 6 (4).

POCH BLASCO, Serafina. 1999. Compendio de Musicoterapia. Vol. I i Vol. II. Barcelona: Herder.

¿Qué es la Musicoterapia?

La musicoterapia es una disciplina del área de la salud que está en pleno proceso de expansión en muchos países del mundo. Muchísimos profesionales luchan para que se reconozca oficialmente como merece en los países en los que todavía no lo está y se esfuerzan en divulgarla para que socialmente exista una conciencia de lo que realmente es. Sin embargo, en general, todavía es poco y mal conocida y muchas veces se confunde muy injustamente con un recetario musical. Pero a la vez, cada día crece más el interés en saber qué es y en qué nos puede ayudar, aumenta notablemente el número de personas que se benefician de ella y los resultados de las investigaciones rigurosas son realmente convincentes y prometedoras.

¿En qué consiste la musicoterapia?

La musicoterapia busca restaurar, mantener y/o mejorar la salud física, psíquica, emocional, social, intelectual y comunicativa de los pacientes. El musicoterapeuta calificado se sirve de la música y de sus elementos para facilitar diferentes experiencias musicales (escuchas guiadas, canto, composición y/o utilización de música y canciones, improvisaciones con la voz y/o instrumentos, música y movimiento, etc.), que permitan trabajar hacia los objetivos terapéuticos. Estos objetivos, así como los diferentes tipos de intervención, dependen de las necesidades, posibilidades, estado físico y emocional particulares de cada paciente, entre otros.

¿En qué ámbitos se aplica?

Se aplica en ámbitos como el educativo (trastornos del lenguaje, de atención…), el geriátrico (demencias, Parkinson…), en medicina (oncología, dolor crónico, bebés prematuros, rehabilitación neurológica, cuidados paliativos…), en diversidades funcionales (autismo, Síndrome de Down…), en salud mental (trastornos psicóticos, de la conducta alimentaria…), el el ámbito comunitario (en grupos en riesgo de exclusión social…), en centros penitenciarios, con mujeres embarazadas, personas que quieren hacer un trabajo de desarrollo personal…

Así pues, la musicoterapia se aplica desde el embarazo hasta los últimos momentos de la vida y en personas con trastornos o enfermedades y también en estado de salud. Y por lo tanto, en distintos ámbitos, en variedad de colectivos y con pacientes con características y necesidades muy diversas.

¿Para qué se utiliza la música?

En musicoterapia, la música se puede utilizar para diversos fines: para facilitar la expresión en personas con dificultades comunicativas, para provocar respuestas físicas (como aumentar o disminuir el ritmo de la respiración, de la presión sanguínea, de la actividad muscular, provocar cambios en el sistema inmunitario…), para incidir en la dimensión cognitiva (para estimular la memoria, la atención, orientar a la realidad…), emocional (para conectar con el estado emocional del paciente, modificarlo, evocar o despertar emociones…), para facilitar la socialización, ayudar a la autorganización del paciente o grupo, etc.

¿Cuando y cómo se inicia el proceso?

El inicio del proceso comienza por iniciativa propia del paciente o por derivación por parte de otro profesional (médico, psiquiatra, profesor, psicólogo, terapeuta ocupacional…).

El musicoterapeuta que forma parte de un equipo interdisciplinario, recibe toda la información necesaria del paciente por parte de los otros terapeutas y profesionales y del mismo paciente y/o de su familia. Recoge la historia sonoro-musical del paciente, concreta los objetivos y el método de evaluación antes de empezar el proceso terapéutico y durante el proceso aporta y recibe información sobre el paciente y el proceso interactuando con el resto de profesionales. La intervención puede ser enfocada como prevención, asistencia terapéutica o rehabilitación y puede ser individual y/o grupal.

Todos hemos experimentado, más o menos conscientemente, de alguna o muchas maneras, la influencia de la música en nosotros. Pero, ¿sabemos cómo influye la música en nuestro cerebro?, ¿en qué beneficia la musicoterapia durante el embarazo?, ¿cómo nos puede ayudar a regular el estrés? ¿qué es la sonoterapia? Iremos abordando éstos y más temas esperando que sean de vuestro interés.