La influencia de la música en el cerebro (parte 1)

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando escuchamos música? 

No es tan fácil darnos cuenta de cómo las plantas crecen más de lo normal si “escuchan” música, como de experimentar cómo ésta nos puede calmar o excitar actuando sobre nuestro sistema nervioso central, alegrarnos o entristecernos, hacernos mover los pies casi irremediablemente… Es fácil ser consientes de que la música nos influye de manera inevitable, pero: ¿Sabemos cómo afecta la música a nuestro cerebro?

En primer lugar, es importante destacar que cuando las ondas sonoras se perciben en el cerebro, respondemos con emociones. Eso es porque la música se dirige directamente al sistema límbico (el que gestiona las respuestas fisiológicas ante los estímulos emocionales), sin pasar por el neocórtex, y por lo tanto, sin pasar por el filtro de nuestra parte más consciente, activándose prácticamente las mismas áreas cerebrales para la música que para las emociones.

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Cuando escuchamos música, nuestro cerebro la descompone o interpreta de forma separada (ritmo y tono) activando diferentes zonas cerebrales. Gracias a los grandes avances en neurología hemos podido ver cuáles son estas zonas y saber que:

EL RITMO afecta especialmente a la área física, ya que la actividad sensorial de la música se localiza predominantemente en la zona bulbar, donde se encuentra el centro de las reacciones físicas y estas respuestas se localizan en el cerebro reptiliano o primer cerebro (el de los impulsos básicos). Por eso con el ritmo se tiende a la acción, lo que respalda al idea de que música y movimiento están íntimamente ligados. De hecho, en muchísimas culturas el concepto de “música” incluye el de baile o movimiento sin poderse desligar el uno del otro. El ritmo activa el córtex frontal, el parietal izquierdo y el cerebelo (encargado de la coordinación muscular y otros movimientos no controlados por la voluntad).

Por otro lado, EL TONO, que sería como la organización jerárquica de la relación entre las diferentes alturas de los sonidos, se procesa en el córtex prefrontal, el cerebelo y lóbulo temporal. Y si escuchamos una canción (con letra), después de analizarla acústicamente (ritmo y tono), analizaremos LA LETRA con el sistema de procesamiento del lenguaje (y activaremos el área de Wernicke (que decodifica auditivamente la función lingüística -se relaciona con la comprensión del lenguaje-, función que se complementa con la del Área de Broca -que dependiendo de la canción, procesa el lenguaje, la gramática y la comprensión), el córtex motor (moviendo los pies, los dedos…), el córtex visual (imaginando partes de la canción) y las zonas correspondientes a las respuestas emocionales).

LA MELODÍA (digamos que sería la sucesión de diversos tonos) y LA ARMONÍA (entendida como un conjunto de sonidos que suenan a la vez) precisan un alto nivel de representaciones intelectuales, y es en el neocórtex (el cerebro racional) donde se localiza la actividad intelectual y donde se reflejan los aspectos melódicos y armónicos, respondiendo a los mismos con cambios en la actividad cerebral: incrementando la memoria, la atención, la creatividad y el procesamiento del pensamiento lógico.

Y es que la música activa más partes del cerebro que ningún otro estímulo humano.

Dentro de la Musicoterapia encontramos la Musicoterapia neurológica, basada en les investigaciones de les funciones cerebrales, el procesamiento musical y la rehabilitación neurológica. Reconocida hoy ya como como una modalidad de neurorehabilitación, sus aplicaciones clínicas de dividen en los ámbitos de rehabilitación: sensorio-motriz, cognitiva y del lenguaje y el habla.

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Ayuda a mejorar disfunciones del movimiento y la marcha de pacientes con Parkinson, trastornos del habla, alteraciones físicas en la aplopejía y el traumatismo craneal, movimientos involuntarios y síntomas emocionales de la enfermedad de Huntington, el razonamiento espacial en pacientes autistas, la estimulación cognitiva en Alzheimer, a pacientes con lesiones de la médula espinal, epliépsias traumáticas, etc.

Continuaremos hablando de música y cerebro en la segunda parte del artículo.


Referencias bibliográficas:

Jauset Berrocal, J. A. (2008). Música y neurociencia: la musicoterapia. Sus fundamentos, efectos y aplicaciones terapéuticas. Barcelona: UOC.

Lacárcel Moreno, J. (2003). “Psicología de la música y emoción musical”. Educatio siglo XXI – Universidad de Murcia (20‐21).

Soria-Urios, G., Duque, P., García-Moreno, J.M. (2011). Música y cerebro: fundamentos neurocientíficos y trastornos musicales. Revista de neurología, Vol.52, Nº 1.

Thaut, M. H. (2000). A scientific model of Music in Therapy and Medicine. San Antonio, TX: Institute for Music Research Press.

Los cuencos tibetanos. Sonidos que resuenan.

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Existen diferentes versiones sobre quienes y porqué empezaron a fabricar los llamados y ya tan conocidos “cuencos cantores tibetanos”. No se sabe si fueron los mismos monjes budistas, los shamanes nómadas, los herreros del metal…, y si los cuencos se utilizaban como recipiente para comer, para sacrificios u ofrendas…

Pero la mayoría de fuentes indican que son originarios de la cultura Pre Budista Chamanica Bön Po, de los Himalayas, y lo que sí sabemos con seguridad, es que antiguamente se fabricaban martillando a mano el cuenco y aleando siete metales (oro, plata, mercurio, cobre, hierro, estaño y plomo), los cuales, parece ser que se relacionaban con el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter y Saturno, respectivamente.


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En los años sesenta, los cuencos empezaron a difundirse por occidente y hoy en día se fabrican y se encuentran por todo el mundo. Aunque normalmente se siguen forjando artesanalmente, se fabrican con diferentes aleaciones de metales y las técnicas modernas no logran reproducir la sonoridad de los cuencos antiguos.

 

Sus sonidos

El sonido de los cuencos, sus armónicos y su vibración, tienen una gran capacidad para penetrar en los cuerpos y las mentes de los oyentes afectando profundamente física, emocional, energética y espiritualmente.

El sonido de los cuencos influye en nuestras ondas cerebrales emitiendo un modelo de onda alfa, que nos permite una sensación de relajación y renovación. Así pues, facilita que entremos en diferentes estados de consciencia y que viajemos a lo más profundo de nuestro ser.

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Una de las características de su sonido es que es muy rico en armónicos (y tienen la peculiaridad de producir diferentes sonidos a la vez). En general, podríamos decir que cada sonido está formado por un sonido fundamental y otros más agudos y graves que se desprenden del mismo y guardan relación con él. Pero normalmente es muy difícil percibir estos sonidos armónicos (y muchos de ellos, además, no los podemos captar auditivamente, aunque también nos afecten e influyan).

Sin embargo, los cuencos, no solo son muy ricos en armónicos, sino que además, estos son intensos, de larga duración y muchos suenan al mismo volumen que el sonido fundamental o dominante. Por lo tanto, nos permite percibir diferentes sonidos al mismo tiempo y que resonemos con ellos.

Cómo hacerlos sonar?

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Los cuencos se pueden golpear, tañer como campanas y frotar su borde circular con una baqueta produciendo un sonido continuo, suave y aterciopelado. También se utilizan técnicas tales como que el mismo ejecutante utilice la boca como caja de resonancia o por ejemplo, introduciendo una pequeña cantidad de agua en el interior del cuenco e ir cambiando su inclinación. Dependiendo del modo de ejecutarlo (de la presión que se ejerza con la baqueta, la velocidad, los puntos de contacto, etc.), se producirá un sonido u otro. Pero el sonido también será diferente dependiendo del tamaño del cuenco (cuanto más pequeño, más agudo), de su grosor, de los metales de los que se componga, del tipo de madera de las baquetas, etc.

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Para qué se utilizan?

Hoy en día, los cuencos son ya un instrumento muy conocido y se emplean para numerosos fines en todo el mundo, dentro y fuera de contextos religiosos.

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Algunas de las aplicaciones más extendidas son: ayudar a equilibrar los chakras (ya que a través del sonido y las vibraciones, las ondas producidas por los sonidos armónicos llegan hasta donde existe un bloqueo y por resonancia o simpatía, la energía se realinea y se libera), meditar (ya que como ya hemos apuntado, sus sonidos modifican nuestras ondas cerebrales) y para realizar masajes sonoros (colocándolos cerca o encima del cuerpo del cliente o paciente, y ejecutando los cuencos de tal manera que el terapeuta dirija la energía del sonido hacia donde el cuerpo la necesita, haciendo que la vibraciones se transmitan en el cuerpo por el principio de resonancia y así modificar las frecuencias alteradas y corregir ciertos desequilibrios).

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Por otra parte, en Alemania, por ejemplo, está muy extendida la terapia con cuencos tibetanos por parte de psiquiatras, fisioterapeutas, musicoterapeutas y neurólogos como una herramienta más dentro del tratamiento para la rehabilitación de sus pacientes. En algunos hospitales se utiliza en pacientes que han sufrido accidentes o problemas cerebro vasculares, en cirugías neurológicas, en pacientes que dependen de un respirador artificial, en oncología, para la relajación muscular, eliminar inflamaciones, tratar estados de ansiedad, depresión, hiperactividad…, y para aliviar el sufrimiento y el dolor. Afortunadamente, cada vez se investiga más acerca de los efectos, aplicaciones y beneficios de los cuencos desde diferentes disciplinas.

Precauciones

El uso de los cuencos puede estar vinculado con prácticas no reguladas y no profesionales. En algunos casos puede resultar perjudicial (en mujeres embarazadas, personas con marcapasos, en ciertas patologías o enfermedades mentales, en condiciones inflamatorias agudas, con niños, etc.). La aplicación de los sonidos del cuenco debe ir de la mano de un sonoterapeuta cualificado.

Si queréis ver una demostración de los sonidos de los cuencos del maestro Marc Handler, podéis ver el siguiente vídeo. (Para una mejor experiencia es recomendable escucharlo con unos auriculares o altavoces de calidad).